No hay ventilador —pulso de mil vientos—
que en sus aspas arrastre
la miseria de un mundo de sí mismo
aniquilado. Pétreas raíces
en sus tallos sin alma, devastadas
por el odio y sus luchas.
Un mundo que, escogido por algunos,
dejó de formar parte.
Llora en sangre ribera desangrada,
no hubo en su primavera flor ni ramas.
