Olvidé la mirada de esos ojos.
Miraba sin mirar. La tarde estaba
—me viene a la memoria— engalanada
de bermellones y ocres. El vacío
era menos intenso —o eso creo—
y eran los nudos menos asfixiantes.
Pero todo lo digo de memoria;
porque la remembranza es como el preso
que se ha dado a la fuga, inalcanzable.
