Si esta es la paz, que sea.
No quisiera —por nada— entorpecer
el dado de la suerte,
por si fuera a faltarme de algún modo
la jugada precisa; la jugada
exacta, la que espera tras el mirlo
transformativo —parco de palabras
pero pleno de símbolos—.
Si esta es la paz, que sea:
que sea, y sea aquí.
