No quiero para mí las impaciencias;
quisiera que el furor —lo cotidiano—
firme la rendición de los conflictos.
Dejar pasar las horas no es vivir,
dejar que pase la hora es malvivir
contemplando horizontes, sin llegar
jamás a sus crepúsculos. No quiero
para mí la impaciencia, no la quiero.
