Tres poetas se desarman
ante el Dios del Camarín.
De nuestro rezo el jardín,
luz en las piezas que se arman.
Tres poetas se desarman
ante el Hombre y su reflejo,
primavera de vencejo
horadada ya de estío.
Él, que completa el vacío
de todos nuestros espejos.
Dedicado a los poetas Martín Paredes y Gregorio Cano
