Con su mano fugaz, el ciclo me saludó.
Yo, que hasta aquí he llegado
tras cuarenta y seis vueltas a este sol
que a veces no fue sol.
Caminos imborrables:
en horas embarrados,
otros libres de piedras
o de los cazadores a la presa.
Yo, que hasta aquí he llegado,
que aquí me podéis ver de pie—aun sin verme—.
Sed bienvenidos todos
a esta fiesta del tiempo y del desgaste.
Os espero en mi lóbrego escondite.
