LA LUZ DEL PASILLO

Se derrama el estío por la piel de la torre.
Con la luz mortecina —casi extinta—
de la caducidad crepuscular
los vencejos olvidan el silencio.
La vuelta a casa es siempre aquella luz
infantil para insomnios en la noche:
esa luz que rogabas a tu madre
que no apagase nunca.

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