Es la blancura estricta del invierno
atrayente objetivo del fotógrafo
que rara vez acude a la llamada
de las cumbres y el monte.
Se ve el zoom y el selfie
en todas sus sonrisas ateridas:
tan desacostumbradas.
Y, aquí, el espectador curando asombros
contemplando en sus caras
abandono volátil de tristezas.
