SUCEDIÓ HACE UN CUARTO DE SIGLO


Farolillos incendian esta tarde
a fuego abierto. Balas impregnadas
de rebujito, vinos, corazones.
Desesperado el pulso de este agosto.
Nos recuerda el momento aquellos otros,
los del agua en el Charro o el de noches
plenas de luz oscura. Ambos, de aquel
mirador profanado de horizonte.
Nuestras, ciudad antigua y la no tanto.
Lunas sin fin vistiendo cuerpos de iris,
del verde y del azul amanecidos.
Eres tú día y noche, mi santuario
de brindis, sol, compás y de recuerdo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Theme Mode